Folclore chileno: memoria, identidad y las voces que siguen vivas

Folclore chileno: memoria, identidad y las voces que siguen vivas

dia mundial del folclore

Cada país tiene una manera particular de contar quién es. En Chile, esa historia no está solamente en los grandes acontecimientos, en los monumentos o en los libros de historia. También vive en una canción aprendida de los abuelos, en una décima, en una leyenda contada al calor de una conversación, en una danza, en un oficio, en una fiesta o en una forma particular de mirar y nombrar el territorio.

Eso también es folclore.

Cada 22 de agosto se conmemora el Día Mundial del Folclore, una fecha que invita a mirar hacia esas expresiones culturales que se transmiten entre generaciones y que, muchas veces, forman parte de nuestra vida cotidiana sin que nos detengamos a pensar en su enorme valor.

En Chile, hablar de folclore es hablar de diversidad. Es reconocer que no existe una sola manera de ser chilenos ni una única tradición que represente a todo el territorio. 

Un territorio, muchas maneras de contar

El folclore chileno se ha formado a partir del encuentro y también de las tensiones entre distintas raíces culturales.

Por eso, recorrer el folclore de Chile también significa recorrer su geografía.

En el norte encontramos tradiciones profundamente vinculadas al mundo andino, a las celebraciones religiosas y a los ciclos de la naturaleza. En la zona central, la cueca se convirtió en nuestro baile nacional, pero convive con muchas otras expresiones musicales y poéticas. Hacia el sur aparecen nuevas formas de cantar, bailar, narrar y celebrar, relacionadas con las particularidades de cada territorio.

Y junto a todo ello están las culturas de los pueblos originarios: sus lenguas, cantos, relatos, ceremonias, conocimientos y formas de relacionarse con el territorio.

El folclore, entonces, no es una fotografía congelada del pasado. Es una expresión viva.

Mucho más que bailes y canciones

Cuando pensamos en folclore, quizás lo primero que aparece en nuestra imaginación son los pañuelos de la cueca, las guitarras, las fiestas tradicionales o los trajes típicos. Pero reducirlo solamente a eso sería dejar fuera una parte enorme de su riqueza.

Las tradiciones orales, los relatos, la poesía popular, los conocimientos transmitidos de generación en generación, las técnicas artesanales, los rituales, las celebraciones y las prácticas comunitarias también forman parte de aquello que entendemos como patrimonio cultural inmaterial. UNESCO reconoce precisamente estas dimensiones como parte del patrimonio vivo de las comunidades.

En Chile existen expresiones que han alcanzado incluso reconocimiento internacional. El baile chino fue incorporado en 2014 a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y, más recientemente, en 2025, el circo de tradición familiar chileno fue inscrito en la misma lista. La alfarería de Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca, por su parte, forma parte desde 2022 de la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia.

Estos reconocimientos hablan de algo fundamental: las tradiciones no sobreviven simplemente porque pertenecen al pasado. Sobreviven porque existen personas y comunidades que las mantienen vivas, las practican, las transmiten y, en muchos casos, también las transforman.

La palabra como memoria

Una de las formas más poderosas de preservar una cultura es conservar sus palabras.

Mucho antes de que existieran los archivos, las bibliotecas o las grabaciones, las historias viajaban de boca en boca. Una generación las entregaba a la siguiente y, en ese proceso, cada voz podía agregar una imagen, una experiencia, una nueva interpretación.

En Chile, la décima y la poesía popular son parte fundamental de esa tradición.

La décima campesina, por ejemplo, ha sido durante generaciones una forma de narrar acontecimientos, expresar opiniones, contar historias y hablar de la vida cotidiana. En sus versos caben el humor, la crítica, la memoria, el amor, la injusticia y también las preocupaciones de cada época.

Pero la tradición no tiene por qué quedarse en el pasado. Puede volver a escribirse desde el presente, como ocurre cuando nuevas voces utilizan formas tradicionales para contar historias contemporáneas.

Ese diálogo entre memoria y presente es una de las razones por las que el folclore sigue siendo relevante.

La música también cuenta nuestra historia

La música popular chilena es otro de los grandes territorios donde el folclore se encuentra con la memoria.

Y pocas figuras representan ese vínculo de manera tan profunda como Violeta Parra. Su trabajo de recopilación, investigación y creación permitió recuperar y poner en circulación expresiones de la tradición popular que formaban parte de la memoria de distintas comunidades.

Pero su relación con el folclore fue mucho más allá de recopilar canciones.

Su viaje al Wallmapu y su encuentro con cantores mapuche revelan una dimensión menos conocida de su obra: la influencia del canto y de la cosmovisión mapuche en su creación. El libro Violeta Parra en el Wallmapu. Su encuentro con el canto mapuche reconstruye ese viaje, recoge testimonios de descendientes de los cantores que conoció y aborda los cantos que recopiló durante su recorrido.

También está la historia de amor y música entre Violeta Parra y Gilbert Favre, una relación que permite acercarse a la artista desde un lugar íntimo y humano. Violeta y Gilbert. Una historia de amor, locura y música, de Patricia Díaz-Inostroza, reconstruye esa historia a partir de años de investigación sobre Violeta y la Nueva Canción.

Y si hablamos de música, también debemos hablar de quienes hicieron del folclore una forma de creación y transformación.

En las cuerdas del tiempo, cuya segunda edición acaba de llegar a Pehuén, recorre la historia de Inti-Illimani a través del diálogo entre el escritor Federico Bonadonna y Jorge Coulon, uno de los fundadores del grupo. Sus páginas conectan música, folclore, memoria, compromiso social y los grandes acontecimientos políticos y culturales de las últimas décadas.

Cuando la tradición se convierte en creación

Una de las grandes riquezas del folclore chileno está precisamente en su capacidad de transformarse.

Roberto Parra es un ejemplo extraordinario. Su trayectoria como músico y folclorista estuvo marcada por las cuecas choras, una expresión que llevó la tradición de la cueca hacia nuevos espacios, personajes y formas de narrar la vida popular.

Roberto Parra. La vida que yo he pasado, de Catalina Rojas, recorre la vida de este músico y creador, desde sus experiencias en boites, circos y cabarets hasta su lugar dentro de la familia Parra y de la música popular chilena.

Su universo también está presente en La música de la Negra Ester, un libro que reúne las partituras y textos de la reconocida obra de Roberto Parra, permitiendo acercarse a sus composiciones desde la música y la interpretación.

Porque el folclore no es solamente aquello que heredamos. También es aquello que hacemos con esa herencia.

Las historias que merecen seguir siendo contadas

Preservar el folclore tampoco significa conservar únicamente las expresiones más conocidas.

Significa abrir espacio a voces, historias y territorios que durante mucho tiempo han quedado fuera de los relatos tradicionales.

Por eso, las leyendas de los pueblos originarios, las voces de mujeres, la poesía popular, las memorias locales y las distintas formas de comprender el territorio son fundamentales para construir una mirada más amplia sobre nuestra cultura.

En Te a'amu o te kaiŋa Rapa Nui. Leyendas de tradición y espiritualidad de Isla de Pascua, las leyendas permiten acercarse a la tradición y espiritualidad de Rapa Nui desde sus propios relatos.

Arpilleras poéticas une creación artística, memoria y palabra, demostrando que las tradiciones populares también pueden convertirse en nuevas formas de expresión.

Y Nunca más solas, de La Chinganera, lleva la décima —una de las formas más reconocibles de la poesía popular chilena— hacia historias contemporáneas de mujeres y violencia de género. El libro utiliza la estructura tradicional de la décima para visibilizar y sensibilizar desde el arte y las tradiciones del campo chileno.

En esa mezcla de tradición y presente aparece quizás una de las claves para comprender el folclore: no se trata solamente de mirar hacia atrás, sino de preguntarnos qué queremos conservar, qué queremos transformar y qué nuevas historias queremos dejar para quienes vienen después.

Leer para mantener viva la memoria

Los libros también pueden ser una forma de transmisión.

Cuando una historia pasa de una generación a otra a través de sus páginas, cuando un canto queda registrado, cuando una leyenda puede ser conocida por alguien que nunca la había escuchado o cuando un lector descubre una tradición que pertenece a un territorio distinto al suyo, la cultura continúa circulando.

Por eso, desde Pehuén hemos querido contribuir durante más de cuatro décadas a rescatar, publicar y difundir parte de estas historias, voces y expresiones que ayudan a comprender la diversidad cultural de Chile.

Libros Pehuén para acercarse al folclore y la cultura popular chilena

libros chilenos

Yo, brindo. Décimas de La Chinganera
Décimas que utilizan una forma tradicional de la poesía popular chilena para contar historias contemporáneas de mujeres y convertir la palabra en memoria, denuncia y solidaridad.

La maravillosa historia del mundo y del fundo de Segundo
Una aproximación a la tradición oral y a las historias populares desde la mirada de Segundo, donde el relato cotidiano se convierte también en memoria cultural.

Décimas de Segundo. Poesía popular para niñas y niños
Una invitación para que las nuevas generaciones conozcan la décima y descubran que la poesía popular también puede ser una manera entretenida de contar, imaginar y aprender.

Te a'amu o te kaiŋa Rapa Nui. Leyendas de tradición y espiritualidad de Isla de Pascua
Relatos que permiten acercarse a la tradición oral, la espiritualidad y la memoria de Rapa Nui a través de sus leyendas.

Arpilleras poéticas
Un encuentro entre imagen, palabra y memoria popular, donde las arpilleras se transforman en un espacio para contar y preservar historias.

En las cuerdas del tiempo — Federico Bonadonna y Jorge Coulon
La historia de Inti-Illimani y su relación con la música, el folclore, la memoria y los procesos sociales y políticos que marcaron a Chile y al mundo. Una segunda edición que vuelve a poner este importante testimonio a disposición de los lectores.

Violeta Parra en el Wallmapu. Su encuentro con el canto mapuche — Paula Miranda, Elisa Loncón y Allison Ramay
Una mirada a la relación entre Violeta Parra, el canto mapuche y su cosmovisión, a partir de su viaje al Wallmapu y de los cantos que recopiló.

Violeta y Gilbert. Una historia de amor, locura y música — Patricia Díaz-Inostroza
Una nueva mirada a Violeta Parra a través de su relación con Gilbert Favre y del contexto artístico y cultural en que ambos desarrollaron sus vidas y su música.

La música de la Negra Ester — Regia Orquesta
Las partituras y textos de una de las obras fundamentales de Roberto Parra, para acercarse a su universo musical y a una pieza que forma parte de la memoria cultural chilena.

Roberto Parra. La vida que yo he pasado — Catalina Rojas
La biografía de uno de los grandes nombres del folclore y la música popular chilena, creador de las cuecas choras y autor de las Décimas de La Negra Ester.

El folclore que seguimos construyendo

El folclore no pertenece únicamente a los museos, a los escenarios ni a los libros antiguos.

Está en las canciones que todavía cantamos. En las palabras que heredamos. En las historias que alguien nos contó. En una receta familiar. En una fiesta del pueblo. En una forma de hacer las cosas. En una lengua que se resiste a desaparecer. En una guitarra, una décima, una danza o un relato que encuentra nuevos oídos.

Está también en quienes deciden recoger esas expresiones, investigarlas, compartirlas y transmitirlas.

Porque mientras una historia siga siendo contada, una canción siga siendo cantada o una tradición encuentre a alguien dispuesto a recibirla y volver a compartirla, esa memoria seguirá viva.

Y quizás ahí está la verdadera importancia del folclore: en recordarnos que la cultura no es algo que simplemente heredamos. Es algo que recibimos, cuidamos y seguimos construyendo entre todos.

En este Día Mundial del Folclore, mirar hacia las tradiciones de Chile es también una invitación a escucharlas con nuevos oídos, conocer las historias que las sostienen y descubrir la diversidad de voces que forman parte de nuestra memoria cultural.