Por qué los libros impresos siguen siendo clave en la infancia digital
Tablets, celulares, pantallas interactivas y contenidos digitales forman parte del entorno cotidiano de niñas y niños desde edades muy tempranas. La tecnología ofrece oportunidades valiosas de aprendizaje, pero también plantea una pregunta cada vez más presente en hogares y escuelas: ¿qué lugar ocupan hoy los libros impresos en la infancia?
En Pehuén Editores creemos que, lejos de quedar obsoletos, los libros físicos siguen siendo insustituibles para el desarrollo lector, emocional y sensorial de niñas y niños, especialmente en un contexto digitalizado.

El libro impreso como primera experiencia lectora
Para muchos niños, el primer acercamiento a la lectura no ocurre en una pantalla, sino en un objeto concreto: un libro que se toca, se abre, se huele y se comparte. El libro impreso permite una experiencia pausada, sin notificaciones ni estímulos que interrumpan la atención.
Diversos estudios en educación y neurociencia coinciden en que la lectura en papel:
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Favorece la concentración sostenida
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Mejora la comprensión lectora
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Permite una relación más profunda con el texto
En la infancia, donde la atención aún se está formando, esta experiencia resulta clave.
Leer con el cuerpo: la dimensión sensorial del libro
El libro impreso no es solo contenido: es también materia, textura y forma. Pasar las páginas, reconocer el peso del libro, observar ilustraciones en gran formato o seguir con el dedo una palabra son acciones que involucran el cuerpo y los sentidos.
Esta dimensión sensorial:
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Refuerza el vínculo emocional con la lectura
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Ayuda a la memoria y la comprensión
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Convierte la lectura en una experiencia significativa
En la infancia, aprender es siempre una experiencia corporal. El libro físico acompaña ese proceso de manera natural.
El valor del cuidado: libros que se respetan y se heredan
A diferencia de los contenidos digitales —rápidos, infinitos y desechables— el libro impreso es un objeto que se cuida, se guarda y se comparte. Enseñar a niñas y niños a cuidar sus libros es también enseñar respeto por el conocimiento, las historias y el trabajo creativo.
Un libro:
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Se presta
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Se vuelve a leer
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Puede pasar de una generación a otra
Así, el libro impreso construye una relación con el tiempo, la memoria y el valor de lo que permanece.
Lectura compartida: un espacio de encuentro sin pantallas
Los libros impresos facilitan algo fundamental en la infancia: la lectura compartida. Leer juntos —en familia o en la escuela— implica cercanía, conversación y atención mutua.
A diferencia de las pantallas, que muchas veces individualizan la experiencia, el libro invita a:
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Leer en voz alta
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Detenerse a conversar
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Mirar juntos una ilustración
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Compartir preguntas y emociones
La lectura se transforma así en un acto vincular, no solo informativo.
Convivir con lo digital, no reemplazar
Defender el valor del libro impreso no significa negar la tecnología. Se trata de equilibrar los espacios y reconocer que no todas las experiencias lectoras son iguales ni cumplen la misma función.
En un mundo digital:
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El libro impreso ofrece pausa
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Frente a la inmediatez, propone tiempo
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Frente al consumo rápido, invita a la profundidad
Por eso, sigue siendo un pilar fundamental en la formación de lectores críticos y sensibles.
El compromiso de Pehuén Editores con el libro como experiencia
Desde 1983, en Pehuén Editores trabajamos con el convencimiento de que los libros son más que un soporte: son experiencias culturales y afectivas. Nuestros libros infantiles buscan dialogar con la naturaleza, la memoria, los pueblos originarios y la poesía, ofreciendo contenidos que merecen ser leídos, tocados y compartidos.
En tiempos digitales, seguir apostando por el libro impreso es también una decisión ética y cultural: creer en la lectura como experiencia profunda, humana y transformadora, especialmente en la infancia.